Reencuentro escolar
Hola! Me llamo Diego, tengo 20 años, soy delgado, no muy alto, ojos azules y cabello negro azabache. Siempre he aparentado tener menor edad y eso me gusta un poco porque todos me miman y me ayudan cuando tengo problemas, me gusta que me cuiden. Les voy a contar lo que pasó hace mas o menos un año, en la casa de uno de mis amigos del colegio. Ahora que lo pienso, nunca pensé que esa reunión iba a terminar de la manera en que terminó.
Habíamos terminado el colegio hace un par de años y con mis amigos, a quienes llamaré Javier y Pedro para protegerlos, decidimos organizar un pequeño reencuentro entre los tres, solo para contarnos como iban nuestras vidas en las diferentes universidades donde decidimos estudiar y para ver que otras cosas habíamos estado haciendo. Yo nunca perdí contacto con Javier, fuimos amigos desde hace mucho y hasta ahora sigue siendo uno de mis mejores amigos. Con Pedro no me veía hace mucho porque solo lo consideré siempre un amigo del colegio… hasta esa noche. A todo esto yo sentía cierta curiosidad hacia los hombres, me gustaba imaginar a algunos de ellos desnudos tocándose y masturbándose. Recuerdo haberme masturbado pensando en hombres teniendo sexo conmigo y me había excitado bastante. Creo que sentía que era el momento de probarlo, pero no tenía con quien y además me moría de vergüenza.
Llegó el día que habíamos planeado para nuestra reunión. Iba a ser en casa de Pedro porque tenía la casa más grande, una muy bonita de 3 pisos con bar, terraza y todo. Yo llegué con Javier, pues como ya dije siempre nos veíamos y decidimos ir juntos a casa de Pedro. Algo curioso es que Javier nunca me había atraído sexualmente y hasta ahora no me atrae, lo considero un gran amigo y le tengo mucha confianza, aunque él no sabe nada de la parte oscura de esta historia. Llegamos y Pedro no estaba muy diferente que en colegio, solo que ahora me parecía el chico más hermoso de la tierra: tenía la piel blanca y se veía muy suave, estaba con el cabello algo crecido y se le veía francamente adorable. Tampoco lo había notado pero tenía una sonrisa preciosa, recuerdo haberlo visto como si fuera un gato, con amplia sonrisa y colmillitos en los costados. Como dije, Pedro ya era así en el colegio y tanto él como yo éramos muy populares en el colegio, él por su sonrisa y yo por mis ojos azules.
Traté de apartar mi mente de lo que pensaba acerca de Pedro en ese momento y de intentar llevar una conversación divertida y que la reunión fuera chévere pues en ese tiempo estaba decidido a combatir mi gusto por los hombres. Conversamos y nos reímos de todo, ahí recordé porque la pasaba tan bien en el colegio con estos dos, me hacían reír mucho y como me veían menor siempre me cuidaban y se preocupaban porque estuviera bien en todo momento. Empezamos a tomar y Pedro me sirvió un trago que él había preparado. Yo no tomo mucho pero al ver la sonrisa con la que me dio el vaso me tomé todo de un solo trago. Pedro y Javier se miraron y se rieron y Pedro me dijo
“Tranquilo Dieguito que queda una jarra completa… se nota que ya has crecido”
Yo intenté mirar hacia otro lado para disimular mi cara sonrojada. Después de varios vasos de ese trago, recordamos que Javier y yo habíamos comprado unos energizantes por si Pedro no tuviese con que preparar los tragos. Como ya estábamos un poco mareados, nos tomamos los energizantes rápidamente y seguimos tomando. Ustedes saben que los energizantes mezclados con trago hacen que este sea más fuerte. Bueno pues, siendo yo el menos acostumbrado a tomar… pagué cara mi osadía pues me desmayé luego de un rato. Recuerdo luego que entre Pedro y Javier me subieron al cuarto de Pedro. Habíamos quedado en que los tres nos quedaríamos a dormir ahí. Me pusieron en la cama de Pedro y Javier que es el más alto se acostó en el sleeping bag de Pedro que ya estaba puesto a los pies de la cama. Pedro, obviamente se acostó en su cama. Javier y Pedro por el calor se habían quitado todo hasta quedarse solo en bóxer, como yo estaba noqueado, estaba con toda mi ropa, hablaba con dificultad y le pedí a Pedro que me quitara algo de ropa pues me moría de calor, me dijo
“No estabas tan grandecito como pensaba Diego”
Y me avergoncé pues entendí la vergüenza que significaba haberse desmayado, sentía que de alguna forma debía disculparme con Pedro. Pasó media hora y se empezaron a escuchar los ronquidos de Javier, unos ronquidos bastante fuertes y molestos, ni Pedro ni yo podíamos dormir. Yo ya estaba menos mareado y traté de conversar. Me moví hacia atrás y sentí el cuerpo caliente de Pedro, la cama no era tan ancha como pensaba. Inmediatamente una especie de electricidad recorrió todo mi cuerpo y tuve la erección más grande que jamás haya tenido. Con todavía algo de alcohol encima se me ocurrió empezar a retroceder, como jugando, hasta chocar con Pedro que estaba de costado frente a mi espalda. Cuando retrocedí por completo sentí entre las nalgas el bulto caliente de Pedro que crecía un poco. Yo estaba en la gloria y Pedro no me dijo nada. Poco a poco me empecé a mover, muy lentamente para ver si Pedro había entendido mi mensaje. Estaba por desistir pues él no se movía y no hablaba hace varios minutos cuando de pronto sentí sus brazos agarrarme con fuerza y una embestida que me hizo sentir la verdadera dureza y tamaño de su miembro. Pedro estaba despierto y muy excitado.
Lo que pasó a partir de ahí fue tan rápido pero a la vez tan delicioso…! Pedro metió sus dos manos en mi bóxer y empezó a acariciar mi erecto pene, me bajó el bóxer, bajó el suyo y juntó su miembro inmenso contra mis nalgas, haciendo que se abran y quedando a su merced. Lo oí chuparse un poco los dedos, no entendía que hacía hasta que sentí como esos dedos entraban en mi ano con fuerza. Empecé a gemir y Pedro me metió una de mis medias en la boca para no despertar a Javier. Ya tenía dos dedos en mi ano, luego tres y los movía en círculos, preparando mi culito virgen para su embestida. Al fin los sacó y sentí el mejor placer de mi vida. Me gustó desde la primera vez que entró. Su pene durísimo me embestía de manera salvaje haciéndome gritar, pero no se oía nada por la media que tenía en la boca. Pedro usó una de sus manos para levantar un poco mi pierna y lograr que entrara todo su miembro. Después se movió cada vez más rápido y fuerte hasta que sentí su líquido caliente entrar en mí y llenarme de alegría. Yo también había eyaculado y sus sábanas estaban impregnadas del olor de dos eyaculaciones feroces. Al final, me la sacó con cuidado y me dijo al oído
“retiro lo dicho Dieguito, si que has crecido” y besó mi nuca.
A la mañana siguiente no se dijo nada, solo algunas burlas por mi desmayo y borrachera, yo solo sonreía y miraba a Pedro embelezado, no podía dejar de recordar esa noche y aun ahora que escribo lo hago con una erección como nunca la he tenido. Claro que a partir de ese momento visito a Pedro mucho más seguido…
Habíamos terminado el colegio hace un par de años y con mis amigos, a quienes llamaré Javier y Pedro para protegerlos, decidimos organizar un pequeño reencuentro entre los tres, solo para contarnos como iban nuestras vidas en las diferentes universidades donde decidimos estudiar y para ver que otras cosas habíamos estado haciendo. Yo nunca perdí contacto con Javier, fuimos amigos desde hace mucho y hasta ahora sigue siendo uno de mis mejores amigos. Con Pedro no me veía hace mucho porque solo lo consideré siempre un amigo del colegio… hasta esa noche. A todo esto yo sentía cierta curiosidad hacia los hombres, me gustaba imaginar a algunos de ellos desnudos tocándose y masturbándose. Recuerdo haberme masturbado pensando en hombres teniendo sexo conmigo y me había excitado bastante. Creo que sentía que era el momento de probarlo, pero no tenía con quien y además me moría de vergüenza.
Llegó el día que habíamos planeado para nuestra reunión. Iba a ser en casa de Pedro porque tenía la casa más grande, una muy bonita de 3 pisos con bar, terraza y todo. Yo llegué con Javier, pues como ya dije siempre nos veíamos y decidimos ir juntos a casa de Pedro. Algo curioso es que Javier nunca me había atraído sexualmente y hasta ahora no me atrae, lo considero un gran amigo y le tengo mucha confianza, aunque él no sabe nada de la parte oscura de esta historia. Llegamos y Pedro no estaba muy diferente que en colegio, solo que ahora me parecía el chico más hermoso de la tierra: tenía la piel blanca y se veía muy suave, estaba con el cabello algo crecido y se le veía francamente adorable. Tampoco lo había notado pero tenía una sonrisa preciosa, recuerdo haberlo visto como si fuera un gato, con amplia sonrisa y colmillitos en los costados. Como dije, Pedro ya era así en el colegio y tanto él como yo éramos muy populares en el colegio, él por su sonrisa y yo por mis ojos azules.
Traté de apartar mi mente de lo que pensaba acerca de Pedro en ese momento y de intentar llevar una conversación divertida y que la reunión fuera chévere pues en ese tiempo estaba decidido a combatir mi gusto por los hombres. Conversamos y nos reímos de todo, ahí recordé porque la pasaba tan bien en el colegio con estos dos, me hacían reír mucho y como me veían menor siempre me cuidaban y se preocupaban porque estuviera bien en todo momento. Empezamos a tomar y Pedro me sirvió un trago que él había preparado. Yo no tomo mucho pero al ver la sonrisa con la que me dio el vaso me tomé todo de un solo trago. Pedro y Javier se miraron y se rieron y Pedro me dijo
“Tranquilo Dieguito que queda una jarra completa… se nota que ya has crecido”
Yo intenté mirar hacia otro lado para disimular mi cara sonrojada. Después de varios vasos de ese trago, recordamos que Javier y yo habíamos comprado unos energizantes por si Pedro no tuviese con que preparar los tragos. Como ya estábamos un poco mareados, nos tomamos los energizantes rápidamente y seguimos tomando. Ustedes saben que los energizantes mezclados con trago hacen que este sea más fuerte. Bueno pues, siendo yo el menos acostumbrado a tomar… pagué cara mi osadía pues me desmayé luego de un rato. Recuerdo luego que entre Pedro y Javier me subieron al cuarto de Pedro. Habíamos quedado en que los tres nos quedaríamos a dormir ahí. Me pusieron en la cama de Pedro y Javier que es el más alto se acostó en el sleeping bag de Pedro que ya estaba puesto a los pies de la cama. Pedro, obviamente se acostó en su cama. Javier y Pedro por el calor se habían quitado todo hasta quedarse solo en bóxer, como yo estaba noqueado, estaba con toda mi ropa, hablaba con dificultad y le pedí a Pedro que me quitara algo de ropa pues me moría de calor, me dijo
“No estabas tan grandecito como pensaba Diego”
Y me avergoncé pues entendí la vergüenza que significaba haberse desmayado, sentía que de alguna forma debía disculparme con Pedro. Pasó media hora y se empezaron a escuchar los ronquidos de Javier, unos ronquidos bastante fuertes y molestos, ni Pedro ni yo podíamos dormir. Yo ya estaba menos mareado y traté de conversar. Me moví hacia atrás y sentí el cuerpo caliente de Pedro, la cama no era tan ancha como pensaba. Inmediatamente una especie de electricidad recorrió todo mi cuerpo y tuve la erección más grande que jamás haya tenido. Con todavía algo de alcohol encima se me ocurrió empezar a retroceder, como jugando, hasta chocar con Pedro que estaba de costado frente a mi espalda. Cuando retrocedí por completo sentí entre las nalgas el bulto caliente de Pedro que crecía un poco. Yo estaba en la gloria y Pedro no me dijo nada. Poco a poco me empecé a mover, muy lentamente para ver si Pedro había entendido mi mensaje. Estaba por desistir pues él no se movía y no hablaba hace varios minutos cuando de pronto sentí sus brazos agarrarme con fuerza y una embestida que me hizo sentir la verdadera dureza y tamaño de su miembro. Pedro estaba despierto y muy excitado.
Lo que pasó a partir de ahí fue tan rápido pero a la vez tan delicioso…! Pedro metió sus dos manos en mi bóxer y empezó a acariciar mi erecto pene, me bajó el bóxer, bajó el suyo y juntó su miembro inmenso contra mis nalgas, haciendo que se abran y quedando a su merced. Lo oí chuparse un poco los dedos, no entendía que hacía hasta que sentí como esos dedos entraban en mi ano con fuerza. Empecé a gemir y Pedro me metió una de mis medias en la boca para no despertar a Javier. Ya tenía dos dedos en mi ano, luego tres y los movía en círculos, preparando mi culito virgen para su embestida. Al fin los sacó y sentí el mejor placer de mi vida. Me gustó desde la primera vez que entró. Su pene durísimo me embestía de manera salvaje haciéndome gritar, pero no se oía nada por la media que tenía en la boca. Pedro usó una de sus manos para levantar un poco mi pierna y lograr que entrara todo su miembro. Después se movió cada vez más rápido y fuerte hasta que sentí su líquido caliente entrar en mí y llenarme de alegría. Yo también había eyaculado y sus sábanas estaban impregnadas del olor de dos eyaculaciones feroces. Al final, me la sacó con cuidado y me dijo al oído
“retiro lo dicho Dieguito, si que has crecido” y besó mi nuca.
A la mañana siguiente no se dijo nada, solo algunas burlas por mi desmayo y borrachera, yo solo sonreía y miraba a Pedro embelezado, no podía dejar de recordar esa noche y aun ahora que escribo lo hago con una erección como nunca la he tenido. Claro que a partir de ese momento visito a Pedro mucho más seguido…
Escrito por Porno Adicto el Domingo, 15 de Abril del 2007 a las 3:56 pm
Categoria: Relatos Eroticos
